domingo, 14 de abril de 2013

FATI, ABU Y LA LUNA QUIETA: -"Oye, Abu, -dice Fati-, recuerdas que, cuando yo era chiquita, por las noches regresábamos a Aguilar de la Frontera, en autobús, donde vivíamos, y lo hacíamos desde Lucena?" Giuseppe Isgró Cattafi


FATI, ABU Y LA LUNA QUIETA

©Giuseppe Isgró C.


Diálogo entre Fati y Abu, y sus inherentes reflexiones

-Oye, Abu, -dice Fati-, recuerdas que, cuando yo era chiquita, por las noches regresábamos a Aguilar de la Frontera, en autobús, donde vivíamos, y lo hacíamos desde Lucena? 
-Sí, lo recuerdo, Fati, -responde Abu-. –Por qué me preguntas eso?
-Una noche, -continúa Fati-, al ver yo la luna llena, grande y hermosa, iluminando todo por donde íbamos, en el autobús, -de esa línea de los Carreras, donde tú tenía la librería, en  la Estación de Autobuses-, a pesar de que dábamos tantas vueltas, pasando por Cabra y Monturque, siempre, a lo lejos, veíamos la luna como si estuviese en el mismo sitio, y yo te decía:
-Abu, nosotros caminamos y caminamos y la luna parece que nos siguiera, y siempre está allí, en el mismo sitio; por qué? Luego, tú te quedabas mirándome, sin decirme nada, como pensando.
Esta pregunta se la hace Fati a Abu cuando tenía dos años y medio. Abu se quedó pensativo, y en ese momento no acertó a decirle nada a Fati. Y, no vayamos a creer que si se le volviese a hacer, ahora, siete años después, la misma pregunta, él sabría mejor que contestar. Sigue siendo una pregunta que da que pensar en una niña de esa edad.
Es que los niños tienen la virtud de hacer preguntas que los adultos, la mayor parte de las veces, no saben como contestarlas. O, a usted no le ha pasado alguna vez?
Otras veces, aún sabiendo la respuesta, erróneamente se cree que los niños no son capaces de entender y no se les hace caso, o se deja la respuesta para después. Se les subestima, o, simplemente, algunas veces no es tan sencillo explicarle ciertas cosas, vamos a estar claros!
Pero, los niños son jueces severos. Con el tiempo buscan a otros a quienes formularles las preguntas. No son tontos. Y, casi siempre logran su objetivo. La ventaja es que hoy está el Internet, que les contesta virtualmente todas las preguntas.
Abu concluye, después de darle tantas vueltas en la cabeza, que, siendo la distancia entre la tierra y la luna tan enorme, es decir: 384.319,32 Km, cualquier desplazamiento del vehículo es insignificante para afectar su visibilidad, y se va a ver como si ella estuviese siguiéndonos, o que siempre está ahí; una vez de un lado, después al dar una curva, del otro. Luego, otra vez vuelve a la posición original. Lo que cambia es el ángulo visual. Es como la foto montada en un cuadro y colocada en una pared, por cualquier lado por donde vayamos, la persona de la foto pareciera estar mirándonos.
 Abu se da cuenta de que Fati tiene una gran capacidad de observación. Esta es una cualidad que distingue a los  genios y a las personas más exitosas de la vida. Quien percibe la realidad del entorno, es capaz de ver las oportunidades donde otros ven, únicamente, situaciones por resolver.
Unos ven la cáscara; otros, la nuez dentro de ella. Unos, la luz del sol reflejada por la luna. Otros, la oscuridad de la noche. El día y la noche, la luz y la oscuridad; lo uno y los otros. Donde hay oscuridad, cerca está la luz. Donde gira la noche, cerca está el amanecer. Jamás lo uno marcha sin lo otro.
Pero, de los dos polos opuestos, nace la eterna polarización. Del bien al mal, del mal al bien, de lo dulce al amargo, del amargo al dulce, del frío al calor, del calor al frío.
Cómo podría saberse lo que es dulce si no se probara, antes, lo amargo. Cómo podría saberse lo que es amargo, si no probara lo que es dulce. Ya lo había dicho Lao Tse, en el Tao Te Ching, al expresar: -“Cuando alguien percibe lo que es la belleza, se da cuenta de lo que es la fealdad”-.
Esa es la reflexión que venía haciendo Abu, al oír a Fati sus observaciones sobre la luna. Ella veía que el autobús avanzaba y avanzaba, y parecía que no se alejaba nunca de la luna; ésta siempre estaba allí, viéndola en el mismo sitio, a pesar de que el ángulo de la visión variara.
La abuela de Fati estaba en el asiento de al lado, la oía y no decía nada. Pero, también percibía que Fati estaba demostrando un excelente don de observación y sabía hacer preguntas que inducían a pensar.
Eso mismo pasa en la vida; pareciera que no se avanza nunca, que siempre estamos en el mismo sitio; las mismas cosas todos los días: Levantarse, tomar un buen vaso de agua a temperatura ambiente con el zumo de medio limón; luego sentarse un rato, a leer unas páginas de estimulante e inspirada sabiduría; después, relajarse desde los dedos de los pies hasta la cabeza, luego imaginar un lago y visualizarse flotando, en armonía con la naturaleza; acto seguido establecer contacto con la Divinidad, y volver a la conciencia objetiva fortalecidos, con las ideas claras de lo que hay que hacer durante el día. Después de repetir treintas veces seguidas la afirmación: -Cada día, en todas formas, estoy mejor y mejor, como programación mental, se planifica el día. Se anota, en una hoja de papel el orden en que deben hacerse las tareas de la jornada, por su estricta jerarquía de prioridades. Enseguida, uno va a la cocina, prepara un café, solo y sin azúcar, o lo encuentra ya preparado; come un desayuno vegetariano, y se va a trabajar. Atiende las tareas de las mañana, vuelva a casa para almorzar, cuando puede, porque, muchas veces, cada quien almuerza fuera, y eso aleja la comunicación entre los miembros de la familia.
Vuelve al trabajo por la tarde, y regresa a casa por la noche, realiza las tareas rutinarias, se baña, hace un poco de yoga, escucha música clásica, se relaja, sigue la lectura de la mañana, o lee otro de los diversos libros que le acompañan en la mesa de noche, o en su biblioteca.
Un día tras otro, pareciera que es siempre lo mismo; pero Heráclito dijo que nadie se baña dos veces en la misma agua, del mismo río. Quiere decir que no siempre todo es igual, aunque lo pareciera.
Cada día hay un nuevo estado de conciencia, en el cual se percibe otra cosa que antes había pasado desapercibida. Y, ahora la ve, aunque siempre estuvo allí, pero antes no la veía.
Un poco a la vez, la conciencia va aflorando en el ser. Cuando hay conciencia hay luz, comprensión, valores, amor, y por supuesto, justicia, bondad, belleza, fortaleza y apacible serenidad. Los ojos tienen un brillo especial, una luz fulgurante que cautiva, que transmite los más variados sentimientos, emociones, calor humano, afecto, amistad, y amor, en algunas de sus infinitas variantes. Detrás de esa mirada impasible hay una voluntad de acero, dispuesta a superar todos los obstáculos, a vencer en todas las pruebas sin abandonar jamás a mitad de camino, a franquear todas las puertas, y a alcanzar las metas prefijadas, con Espíritu de justicia para todas las partes involucradas. La paz interior se transmite en el entorno; la gente se aquieta, se relaja, descansa y comienza a fluir la energía, a expresarse la Divinidad interior.
Todo se ordena, se armoniza más y mejor. Armonía y orden perfectos, entre todos y con el Todo.
Cuando hay paz mental fluyen las ideas creativas. Vuela la imaginación. Cada quien hace de su vida una obra maestra.
Todo esto y mucho más los niños se lo van imaginando, y no vayamos a creer que los niños se creen niños; y los chavales, chavales. No, ellos piensan y actúan como si fuesen adultos, aunque sean niños y haya que señalarles algunos linderos dentro de cuyos alcances la prudencia aconseja que se mantengan.
Allí confluyen, en plena efervescencia, la prudencia y la osadía, y el equilibrio que emana entre las dos virtudes es un signo de sabiduría.
Cuantos no hemos vistos a algunos niños que tratan y cuidan a sus padres, u otros adultos, como si los niños fueran éstos? O, al lector, o lectora, no le ha pasado, o visto alguna vez? Con el debido respeto de los adultos, hay niños que le llevan una morena, en madurez, a aquellos; pero, quienes mandan son los padres, por eso son los padres.
Eso me recuerda la excelente película de Pedro Infante, intitulada la Oveja Negra, en la que tanto él como los hermanos Soler, realizan una genial interpretación dramática, donde se retrata admirablemente esta realidad. Recordemos que Pedro Infante, además de poseer una de las mejores voces de todos los tiempos, fue un actor incomparable, superándose en cada una de sus nuevas interpretaciones, siempre con un mensaje inspirador y humano.
Lo mismo pasa en tantas empresas, o cargos institucionales, donde los subalternos le llevan una morena a los jefes. Pero jefe es jefe donde lo pongan, hasta que otro lo sustituya. Y vamos a estar claros: Hay tanta gente calándose a tantos jefes por obligación, por necesidad; o por otras causas mayores.
Pero, la dignidad humana está por encima de todo. El día en que los humanos dejen de ser humillados por sus jefes, por la obligación del rango, o por la necesidad, haciendo valer su dignidad humana, rehusando hacer cosas que no se corresponden con los elevados principios de la vida, tendremos un mundo mejor. Nadie debe permitir que su dignidad sea irrespetada ni vulnerada, por la razón que fuere. Con modales suaves, hay que indicarle a quien corresponda, que no se está en disposición de aceptar nada que afecte el sentido de la propia dignidad.
Hay que hacer como los niños: si no están satisfechos con la respuesta, vuelven a la carga una y otra vez hasta que se le conteste, o encuentren a otro que lo haga. Saben irse con la música a otra parte, donde la aprecien más, o adecuadamente, y que la paguen en su justa medida, aunque sea con un “gracias”, o un: “es excelente”; “le felicito”, o, algunas veces, y es el mejor de los salarios, cuando se recibe una sugerencia indicando donde es preciso fortalecerse en mayor grado, o efectuar una corrección, etc. El aprendizaje es un camino de doble vía, se da y se recibe.
Los niños tienen la virtud de saber a quien preguntar y también como hacer las preguntas y persisten hasta encontrar la respuesta que les satisfaga. Pero, también es cierto que muchos padres van inhibiendo en los niños el hábito de seguir preguntando. Esa es la razón de que se haya inventado eso de: -“Es un Pepito preguntón”. O, acaso no lo ha oído usted?
Y después, a muchos niños les pasa como a los elefantes en un circo.
Los elefantes permanecen amarrados con una delgada cinta a un poste, sin romperla. Pese a que la fuerza de su trompa es suficiente para elevar un gran peso y para romper una cadena muy gruesa, lo que le permitiría zafarse con apenas un ligero movimiento de cabeza. En cambio, los elefantes permanecen dócilmente amarrados a esa delgada cuerda, y pequeño poste.
-Por qué? Eso es debido a que, desde pequeños, a los elefantes se les amarró a un sólido poste, con una cuerda gruesa, y el joven paquidermo se cansó de darle y de darle con el movimiento de su cabeza tratando de romperla, hasta que llegó el momento en que se convenció de que no podía hacerlo. Después que aceptó en su mente que no podía romperla, ya no lo intentó más. Esa es la razón de que permanezcan amarrados sin hacer ningún intento de alcanzar su libertad. Fueron condicionados. Es la fuerza del hábito. La repetición de un acto se vuelve costumbre. Y la costumbre precisa fuerza de voluntad e imaginación aplicada, simultáneamente, para corregirla, abriendo nuevos cauces de vida, más gratificantes. 
Y eso le pasa a los humanos: los padres, de tanto condicionarlos con limitaciones mentales, con afirmaciones negativas, y tantos y tantos adoctrinamientos inadecuados, logran que sus hijos dejen de hacerles preguntas que les resultan incómodas, en vez de aprovechar la oportunidad de aprender juntos. Y cuando ellos sueñan con realizar grandes cosas en cuanto sean adultos, los padres, -afortunadamente no todos-, si los hijos quieren volar demasiado alto le convencen de moderar sus aspiraciones. Y les aportan miles de razones para disuadirles. Muchos dirigentes, bajo el influjo de grupos de intereses subalternos, hacen lo mismo con la gente de sus respectivos países. Aunque debemos acotar, también, que la inmensa mayoría de los líderes mundiales, en todos los ámbitos, sí cumple con su deber en la conducción de la humanidad hacia su nueva edad de oro.
Afortunadamente, hay niños como Miguel Ángel, Leonardo Da Vinci, Enrico Fermi, Benjamín Franklin, Dante Alighieri, Homero, Pitágoras, Platón, Gandhi y Tagore, entre otros, que no aceptan limitaciones algunas en sus aspiraciones, y el genio de su pensamiento se impone, gradualmente, hasta transformarse en paradigmas inmortales de la humanidad.
Desde que Fati era pequeña le está enseñando muchas cosas a Abu. Y Abu está contento y agradecido de su guapa nieta, que es muy lista desde que nació.
Todas estas cosas iba pensando Abu, después de las preguntas que le formulara Fati.

****

Todos los niños son más listos de lo que uno piensa.
Por eso es bueno hacer algunas reflexiones como las que siguen:
En el caso de Fati, cuando ella tenía seis meses, Abu le consiguió un libro ilustrado de fábulas y cuentos de hadas. Era volumen muy grueso, con imágenes grandes, hermosísimas, y pocas palabras escritas. Juntos, Fati y Abu, pasaban las hojas del libro y Abu le leía el título de cada fábula, y el mensaje que le acompañaba. La abuelita, a su vez, hacía otro tanto, pero, además le cantaba los cuentos, o se los narraba. Que lindo era oír a la joven abuelita cantarle a Fati: -“Abuelito dime tú…”., etcétera, etcétera, con esa voz encantadora. No olvidemos que, si hay nietas muy lindas, es porque hay abuelas, que antes fueron muy lindas jovencitas y ahora son hermosas damas, y así se suceden las generaciones. Abuelas hermosas, hijas bellísimas, nietas lindas, biznietas preciosas, y un etcétera sin fin. Y si la yaya es de buenos sentimientos, como suelen serlo todas, larguísimos y variados caminos serán inundados de amor, belleza, e iluminados con las luz de todas las virtudes.
Y así lo hicieron Fati y Abu, todos los días, hasta que Fati se aprendió los nombres y las imágenes de todos los personajes de los cuentos de hadas, y se sabía, también, la historia de cada uno ellos. Así conoció a Blanca Nieve y los siete enanitos, Peter Pan, Pinocho, Simbad el Marino, y muchos otros.
El libro duró hasta que Fati cumplió los dos años. No está mal que un libro le dure año y medio a una niña tan pequeña. Pero, luego, Abu le fue llevando otros diferentes. Recordemos, además, que por esa época Abu tenía una librería, en Lucena, y Fati iba casi todos los días allí, y se pasaba el día con la abuela y el abuelo. Y Abu le dejaba ojear todos los libros que quisiera, ya que ella había aprendido a manipularlos bien. Además, Fati ayudaba a Abu a acomodar los libros, en la mañana, y en la noche, a recogerlos. Más de una vez, Fati agarraba algunos libros, generalmente los escritos por Abu, y se los ofrecía a los clientes, tal como veía hacerlo a Abu. Es que Abu, cada vez que llegaba alguien a la librería, con ojos bien entrenados, observaba bien que tipo de libros le atraían a la persona, y enseguida agarraba los cuatro de su autoría y se los colocaba en sus manos, diciéndole: -“Le recomiendo estos cuatro libros”, sin decirle que él era el autor. De cada diez, tres o cuatro los adquirían. Fati, emulando a Abu, hizo lo mismo muchas veces. Esa es la ventaja de integrar a los niños a la actividad de los padres, interrelacionándolos con los adultos, desde pequeños. Desarrollan en mayor grado todas sus aptitudes. Recordemos que muchos de estos niños se revelan con aptitudes geniales desde muy temprana edad. Las diferentes pruebas psicológicas de Fati, en diversas épocas, arrojan diez puntos sobre diez.
Cuando Fati tenía tres años y medio, su abuelo hizo un largo viaje, y antes de regresar, casi un año después, llamó a Fati, y le preguntó que le gustaría que le llevase. Fati se encontraba en Madrid, ya que ella es madrileña, y Abu estaba en Venezuela. Entonces, he aquí lo que le dijo Fati, a Abu, que a él le emocionó mucho, y que, también, lo hará con todos los lectores:
-Abu, -le dijo Fati-, te acuerdas que cuando yo era chiquita tú me regalaste un libro grande de cuentos de hadas ilustrado, y que nosotros todos los días leíamos. Luego el libro se rompió. Me gustaría, Abu, que me trajeras uno igual, porque me gustó mucho y quisiera volver a leerlo.
-Claro que sí Fati, -le responde Abu-, te voy a conseguir otro igual y te lo llevaré de vuelta.
A la semana siguiente, ya en Madrid, Abu le lleva no uno, sino dos libros de cuentos de hadas, no precisamente iguales al otro, sino similares y con algunos relatos nuevos.
La emoción de Fati era muy grande; se acordaba de los personajes como si los hubiese conocidos desde siempre.
He aquí lo que esto nos demuestra: que los niños son más listos de lo que los adultos creen. Fati tenía ya dos años y medio que no veía aquel libro de cuentos de hadas. Pero, se acordaba de él, y anhelaba tener otro.
Cuántas emociones despertarían en Fati aquellas imágenes de los personajes de los cuentos de hadas?
Cuántas ventanas al mundo no representarían para Fati cada una de aquellas imágenes?
 He aquí la importancia de obsequiarle libros, buenos libros a los niños desde que son muy pequeños. Ellos tienen una capacidad ilimitada de aprender y un anhelo inmenso de hacerlo, también. Y se le va formando el buen hábito de la lectura, canalizando positivamente la energía creativa. Y luego, la forma en que los héroes de los cuentos van resolviendo las dificultades que van afrontando, le sirve de guía, a su vez, a los niños, para afrontar, resolviendo exitosamente, las propias, cuando, en su oportunidad les toquen situaciones análogas o parecidas.
Esa curiosidad por conocer cada día nuevas cosas, para entender el mundo en que vivimos, es muy importante para los niños. Es que los niños quieren saber; mientras que los adultos dan por hecho que saben, cuando en realidad no saben todo lo que creen saber, como le sucedía a aquellos griegos interrogados por Sócrates. Y es por eso que los niños descubren la ignorancia de los adultos cuando le hacen alguna pregunta, tan sencilla como la puede formular un niño. Precisamente, allí está el secreto: en la sencillez, en la humildad, en la atención y en el anhelo de saber.
Por eso hay regalarles más libros a los niños, de acuerdo con su edad; y debemos aprovechar de leer con ellos, para continuar aprendiendo.
Abu le enseñó a Fati a manejar el ordenador; y a los tres años y medio, Fati le enseñó a la abuela a bajar unas imágenes, y a guardarlas. Y la abuela se quedó admirablemente impresionada y, a partir de ahí, le dejó manipular el ordenar todo lo que ella quisiera. 
Otra pregunta que se hacia Abu, era: -Nos hemos dado cuenta de que el niño no tiene vergüenza de preguntar, ni de que alguien crea de que no sabe?
Luego Abu se respondía a sí mismo: -Los niños son auténticos y quieren aprender; le importa poco que alguien piense que no saben. Ellos quieren saber, y la mejor manera de lograrlo, es preguntando. Y hacen preguntas, y más preguntas, que los adultos muchas veces no saben las respuestas, y otras no tienen tiempo ni ganas de contestar.
Eso le pasó a Abu aquella noche que Fati le preguntó:   -“Por qué nosotros, caminamos y caminamos y la luna está siempre en el mismo sitio?
Con dos añitos y medio, Fati se dio cuenta de eso. Abu, todavía está pensando en la pregunta y, tiene más cosas que aprender sobre ella.
Los niños hablan con la sabiduría inspirada por Dios, con la intuición de su Espíritu, con la imaginación de su mente, con la fantasía de sus meditaciones, y como los lazos del Espíritus que les unen al cuerpo todavía son más elásticos de lo que los serán después, ellos recuerdan lo que aprendieron en incontables vidas anteriores. Y los padres se preguntan: -“Donde aprendería este niño, o esta niña, esas cosas? No son propias de su edad. Es verdad, dentro de ese cuerpo de niño, hay un Espíritu que ha vivido millones de vidas anteriores, y algunos niños fueron genios antes de nacer a esta vida; otros, no tanto, pero, todos expresan con libertad su inteligencia buscando remontar el vuelo hacia niveles más elevados de conciencia.
Se ha preguntado usted como sería su hijo, o su hija, si reencarnara en él, o en ella, el espíritu de Aristóteles, o el de Einstein, o el de Marie Curie, Séneca, Cicerón, Sidharta Gautama, Napoleón, Andrés Bello o Arturo Uslar Pietri? Qué clases de preguntas le harían esos niños a sus padres? Acaso sabe usted quien fue su hijo, o hija, en su vida pasada? Sería excelente prestarle la debida atención a lo que preguntan los niños, y en qué contesto lo hacen.
Cuántas cosas está aprendiendo Abu con Fati, porque le pone a pensar con sus preguntitas facilitas, muy facilitas.
Gracias, preciosa Fati, por tus preguntitas tan facilitas que me hacen pensar.
Colorín colorado, este relato aquí se ha acabado.
  Adelante.  




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