domingo, 21 de julio de 2013

CONSERVAR LA SERENIDAD, SIEMPRE


CONSERVAR LA SERENIDAD, SIEMPRE

©Giuseppe Isgró C


-“...serenidad y calma,
cuando las aguas del lago de la mente están
claras y tranquilas porque cesó el oleaje”-.
Vivekananda

-"Habiendo logrado serenidad,
nos tornamos tranquilos de cuerpo,
y tranquilos de mente"-.
Sidharta Gautama

-“La naturaleza nos ha dotado
de todo recurso necesario
para una serena existencia”-.
 Manly P. Hall

-Conservar la serenidad
es poseer el autodominio,
en cada situación-.
Giuseppe Isgró Cattafi



La serenidad –estado de calma  imperturbable o tranquilidad interior que denota la impasibilidad exterior-, es una de las máximas potencias del espíritu y excelente  expresión de tu poder potencialmente infinito; es el psico-control y el autodominio expresados frente a toda situación.
Comparto con Paul Brunton, su apreciación de que el máximo ideal y el objetivo de los iniciados egipcios era el cultivo y la práctica del autodominio, tal como lo reflejan los dibujos y pinturas egipcias de dichos personajes cuyas imágenes denotan serenidad, calma profunda e imperturbable.
La serenidad es la síntesis de los valores universales aplicados como práctica de todas las virtudes cuyas cinco fundamentales son la sabiduría /yo prudencia, la justicia, la fortaleza, la templanza y la belleza, las cuales constituyen el núcleo esencial de todas las demás, siendo el amor el poder supremo universal que las vivifica a todas.
La serenidad implica fe en los principios que rigen el universo y denota consciencia de la realidad –enfocada objetiva y subjetivamente- con esa percepción intuitiva que permite ver el trasfondo de las cosas casi sin mirar, a vuelo de pájaro, pero que, facilita el mantener la calma imperturbable –o mando-control de la situación-, y persistir en la ruta evolutiva con seguridad, firmeza y osadía, aún cuando todo indicara que se ha llegado al tope o al fondo.
Cuando pareciera que ya no hay nada que hacer, sintiendo el límite de las propias fuerzas y resistencias, es cuando se comienza a sentir el verdadero poder, -el del espíritu-, el de las fuerzas morales y el de la armonía y solidaridad cósmica-, potencial interior ilimitado que aflora cuando se afronta, cada a cara, la realidad. Cada ser se percata de que era controlable la situación; factible de transmutar en ventajosa la condición existente; y de que, el poder creativo y realizador, y el de la reserva ética, eran mayores de lo que se pensaba.
Las pruebas existenciales van descubriendo el verdadero poder creador de cada ser  -como expresión equivalente del poder potencialmente infinito  a cada una de las necesidades que busca satisfacer- en la realización de la propia misión en la vida y en la gran obra universal, de la cual, conscientemente, -o casi imperceptiblemente- se va asumiendo la propia cuota de cooperación.
Siempre hay una salida positiva y exitosa en toda situación. Cuando la vida ejerce su poder de bloqueo, significa que es preciso rectificar la ruta direccional de la propia existencia; muchas veces la solución consiste en quedarse en estado de tranquilidad hasta que llega el momento oportuno de actuar, cuyo impulso interior lo indica con seguridad. Los contratiempos o resistencias, al final, permiten ver que lo acontecido era lo más conveniente por cuanto condujo a la bonanza y felicidad actuales o a las que están por llegar.
La serenidad implica maestría, autodominio, conocimiento, visión, confianza en sí y en las leyes  naturales que –en justicia- rigen todas las cosas. Refleja equilibrio, metas claramente definidas, programadas en el espacio y en el tiempo, con una curva de resultados suficiente para lograr el propósito, después de lo cual solo queda marchar hacia adelante con tranquilidad y seguridad, perseverante en la acción, por cuanto la misma naturaleza segunda la realización de toda persona sincera y asidua.
Cuando se afrontan esas pruebas en las cuales se experimenta la tentación de dudar de las bondades de la vida es cuando es preciso, con mayor ahínco y fe, confiar en que las leyes cósmicas siempre son justas; que el principio Ser Universal busca un fin positivo aún en las circunstancias menos favorables y que, sea cual fuere la situación que, en un momento dado requiera solución, es preciso mantener la serenidad, la confianza y la fe de que todo, oportunamente, en el momento más conveniente, saldrá bien, de la mejor manera posible.
Por lo cual, hay que afirmar que el Ser Universal es justo y que, si se siente el aguijón de las leyes universales, es como una guía de que hay que buscar el camino más acorde con los planes cósmicos y que para mantener iluminada la propia vida hay que permanecer en el radio de acción de los valores universales del amor, de la prudencia, de la justicia, de la equidad, de la rectitud, de la reciprocidad, de la fortaleza, de la templanza, de la generosidad, del perdón y  de la humildad; por cuanto cada ser pasa por las mismas pruebas y de alguna manera se ha pasado y se hará de nuevo, por similares rectificaciones, cuyo recuerdo estimula la tolerancia y la mansedumbre espiritual, pero con la reciedumbre en el carácter de quien sabe que, en aras de la sinceridad, honradez, constancia, trabajo y logro, tiene la autoridad moral para ocupar el lugar que en la vida, -en base a la suma existencial conquistada- merece, para continuar en el camino ascendente de la evolución y alcanzar nuevos niveles de conciencia cósmica.
Los objetivos existenciales fuerzan la manifestación de la energía creadora que se anida en el ser interno como poder potencialmente infinito, después de lo cual se refleja en la propia faz la huella de la auto-confianza, fruto de haber actuado y triunfado en múltiples tareas; por lo cual es factible afrontar el futuro con mayor suma de serenidad, confiando en que, sean cuales fueren los embates que la vida presente, siempre se obtiene la victoria si se persiste tenaz y serenamente, por cuanto cuando se llega al límite de las propias fuerzas cada ser se encuentra con el Poder del Ser Universal que le secunda y mantiene a flote, sobre todo si trabaja para una causa justa, digna y acorde con los planes cósmicos.
La serenidad permite conservar la absoluta confianza en que, cuando se han cerrado todas las puertas, -los espejismos de oportunidades inexistentes- está abriéndose –simultáneamente-, la puerta –o el acceso verdadero- por donde llega la abundancia suficiente que renovará las fuerzas, la oportunidad y la provisión para la siguiente etapa.
Las leyes universales siempre son justas. Busca en tu ser interno la causa y encuentra el nuevo camino del amor, de la sabiduría, de la justicia y del servicio vocacional efectivo que conduce, con seguridad, a la más apacible tranquilidad de ánimo, juicio sosegado, calma imperturbable y autoridad moral: fuente suprema de la serenidad. “Lo más importante, -escribía, a Louis Pauwels, una señora de 92 años que había descubierto el secreto de la serenidad- no es sacar algo de la existencia, sino en dar lo más posible a la vida”-.
-“Entonces, -dice Marco Aurelio-, tu guía interior, no causándose ya ninguna turbación a sí mismo, te conduce a la cosa esencial que hay en ti: la impasible naturaleza interna”-.
Adelante.




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